Gaudí

Genio entre los genios

Archivos para arquitecto

opiniones

Norman Foster (Arquitecto, 1985)
“Los métodos de Gaudí, un siglo después, siguen siendo revolucionarios”.
Le Corbusier (Arquitecto, 1927)Este hombre hace lo que desea con la piedra, con un control formidable de las estructuras. Entre los hombres de su generación, tiene la fuerza arquitectónica más grande”.
Josep Pla (Escritor, 1966)
“Además de un gran constructor, Gaudí fue un gran artista, un nervioso de la belleza plástica, un permanente meditativo, ultrasensible de las formas y los colores de la vida”.
Antonio Gala (Escritor, 1985)
“En la España contemporánea existe una figura hecha por un paisaje. Una figura que, partiendo de su paisaje, crea a su vez otro paisaje. Ahí reside su grandeza”.
Salvador Dalí (Pintor)
“En la Pedrera, Gaudí ha construido una casa siguiendo las formas del mar, representando las olas en un día de tempestad. No se trata de metáforas decepcionantes. Se trata de edificios reales, de una verdadera escultura”.
Rafael Moneo (Arquitecto)
“Nadie como él concilió la lógica formal de la construcción con la libre expresión de ideas y sentimientos”.
Elies Rogent (Presidente del Tribunal de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, 1878)
“Hoy hemos dado el título a un genio o a un loco. El tiempo lo dirá”.
Juan Bassegoda Nonell (Arquitecto, 1973)
“Gaudí fue, antes y por encima de todo, un arquitecto y la profesión no era para él un medio de vida o una obligación contraída, sino una tarea sentida desde la infancia y desarrollada a lo largo de toda su carrera, hasta que la muerte le alcanzó a los 74 años”.
Salvador Dalí (Pintor, 1969)
“Gaudí tiene la voluntad de usar todos los medios de percepción del hombre. Utiliza los mosaicos para pasar del color a a iriscencia, al deslumbramiento. El sonido de las campanas es una de sus grandes preocupaciones, llegó a viajar para escuchar sonidos, estudió la acústica; sus campanarios son realmente tubos de órgano”.
Ricard Bofill (Arquitecto, 1970)
“Con frecuencia me viene a la mente el pensamiento del hombre que era Gaudí. Pienso en ese delirante mundo interior, en esas alucinaciones sin orden, en esa locura fantástica y creadora, viviendo en el fondo de esa personalidad en apariencia serena. (…) Le imagino creando, en su espíritu, una extraña cosmología de formas, una naturaleza distinta”.
Joaquim Torres-García (Artista, 1900)
“Se podrá rebatir la obra de Gaudí (…), pero no se podrá negar que era un hombre extraordinario, un verdadero genio creador y arquitecto. Hombre fuerte, pertenecía a la raza de seres de otro tiempo en los que la conciencia de un orden superior se situaba por encima de la materialidad de la vida”.

Para mi genial

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Antoni Gaudí, un arquitecto genial y muy reconocido en todo el mundo, era un hombre de fe que practicó las virtudes cristianas. Las tres teologales: Caridad, Fe y Esperanza; y las cuatro morales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. El proceso de beatificación tiene mucho que ver con su vida, llena de inquietudes basadas en el amor los demás.
El arte de Gaudí es comprensible desde cualquier cultura. En todo caso, supone una ruptura con el proceso milenario de la arquitectura occidental de alejamiento progresivo de la naturaleza hacia el artificio y, a veces, la irracionalidad. Es normal que desde otras tradiciones culturales orientales, que han permanecido en la experiencia de lo natural, se sintonice con Gaudí. “He venido a coger el arte -decía- en el punto donde lo dejó el Oriente cristiano”.
Gaudí viajó poco, por ejemplo a Tánger, donde proyectó unas grandes Misiones Católicas, ilusionado con la propagación del Evangelio en Marruecos.
 
 Se sentía ciudadano del mundo. Un mundo de transformaciones, como la desaparición del imperio español de ultramar, la emergencia de los Estados Unidos y del Japón, los nuevos colonialismos europeos en Africa y Asia, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la independencia de naciones europeas hasta entonces sometidas a las unidades monárquicas, la aparición del fascismo y el nazismo, los cambios de vida provocados por los grandes inventos y descubrimientos como el teléfono, la luz eléctrica, el cine, la radioactividad, el aeroplano, la teoría de la relatividad, el automóvil, etc.
 
 Muchos de estos progresos se presentaron como contrarios a la religión, que quedaría arrinconada como cosa del pasado. De hecho, la vida de muchos santos parecía algo anticuada. Por eso la gente, buscando maneras de ser cristianos en la nueva situación, se fijaba en aquellos contemporáneos que vivían radicalmente el Evangelio en sus mismas circunstancias. Buscaba de nuevo el ejemplo útil de los santos cercanos, para iluminar la oscuridad de sus vidas. Es lo que ocurrió con el artista rechazado por los intelectuales, pero entendido por los pobres y humildes. Ellos acompañaron procesionalmente sus restos mortales por las calles. Y, a pesar de tratarse de un simple laico, entraron en la catedral y enterraron en una iglesia al pobre viejecito atropellado que había buscado ver la gloria de la justicia y de la misericordia de Dios.